lunes, 3 de junio de 2013

Mi cuento


     Cuando era pequeña, siempre miraba debajo de la cama por si había alguna bruja esperándome.
Se supone que la hermana mayor nunca tenía miedo, así que cerraba siempre la puerta, y luego miraba debajo de la cama.



A veces, aún después de mirar y asegurarme de que no había brujas, no era capaz de dormirme. Así que me quedaba mirando al techo un buen rato y esperaba a que me cayese algo en los ojos que me hiciese dormir.
Yo creía que las legañas que tenía por las mañanas cerrándome los ojos eran unos polvitos que caían del techo y cuando te caían en los ojos estos se pegaban y así dormías toda la noche. Pero, sabéis qué era ese polvillo mágico?



Venga va, os lo cuento:
 
   En casa de mi abuela, alguna vez que nos quedábamos a dormir mi hermano y yo, lo hacíamos en un cuarto oscuro (le llamábamos así y así era porque no tenía ventanas), estaba genial, porque además de una cama grande, un armario y una mesilla con lamparita de pera, tenía una estantería con muchos libros. Libros de todos mis tíos, de mi padre también imagino, pero sobre todo de mecánica de mi tío Víctor. No entendía nada (seguro que ahora tampoco), pero me entretenía pasando las hojas y al final me quedaba frita (venía Roque como dice mi madre a veces, o Pedrito).

Y, cuando me despertaba siempre había algún montoncito en el suelo de una especie de harina de color marrón.... si, el techo era de madera y era la casa de mr. y mss polilla...jajajjaa,



¿Me guardáis un secreto? 

 A veces todavía miro debajo de la cama y eso que ahora la bruja se esconde bajo las sábanas...y cuando no puedo dormir me pongo panza arriba y espero a que la familia polilla acierte en mis ojos...

                                   
                                Dobranoc! Buenas noches! Boas noites!