lunes, 8 de abril de 2013

Las sombras oscuras de la nieve


Como cada día abro las cortinas con decisión. Miro a un lado y a otro. No veo nubes, el sol pródigo regresa y junto a él las pequitas en la cara, los colores vivos, la energía de to do something, de estirar los brazos, desperezarse...reir porque sí y, por qué no. También empiezan los planes, los viajes cortos y largos, las mangas sin abrigo, los labios con muchos besos a puntito de salir, los tomates y lechugas en mis macetas, las pocas ganas de seguir en casa. Pronto montarán las luces y los jarrones con flores sobre mesas y sillas perfectamente colocadas, cervezas, helados de menta y chocolate y los niños aparecerán. 

Llevamos seis meses viviendo encogidos de alma por el frío y con el espiritu callado por las bufandas y los guantes que no dejan expresarse con claridad. Hoy se ven las sombras de esas almas estiradas, desperezadas, con la cabeza bien alta y gritan y ríen. Han estado mucho tiempo escondidas bajo un manto de nieve que odia las sombras porque la matan y delatan.

Hoy, como cada día he abierto las cortinas con decisión, quién sabe si mañana las cierro para que no aparezcan las sombras. El espiritu se despierta poco a poco y el alma ya no quiere nieve. La nieve esconde las sombras de las almas pero luego es una hija de puta que las destapa vilmente poco a poco y van despertando del frío letargo los vicios inconfesables. Poco a poco como se han ido escondiendo, aparecen los aromas etílicos del invierno en botellas huérfanas, guantes sin manos, cigarrillos llenos de aire podrido, cagadas de perros con dueño y collar.

Ya casi no queda nieve, es de noche, tampoco hay sombras... dicen que mañana va a llover













El deshielo-Zahara