lunes, 2 de septiembre de 2013

El primero de todos


Hay muchos primeros días, el primer día que dices mamá, el primero que dices papá un mes después, el primer día de "parvulitos", el primero en subir al triciclo sin caerte, el primer día que dices te quiero.
Después de un primer día siempre hay muchas veces pero el primero es único siempre. Como el primer día del cole.

Mi primer día. El colegio todavía era Álferez Provisional.
El primer día de primero de EGB es distinto al primero de segundo, de tercero, al del instituto, al de la universidad porque es el primero de todos.

Muchas preguntas: ¿Cómo será? ¿Cuántas niñas habrá? ¿Me gustará? ¿Los profes reñirán mucho? ¿Con quién me sentarán?
Pocas respuestas: Vas a conocer a muchos niños y niñas como tú. Vas a aprender muchas cosas. Lo vas a pasar muy bien. Irás en bus todos los días (los mayores mirarán de ti)

Mi madre me levantó temprano y me llevó al colegio. El primer día siempre era así. Me había vestido con ropa nueva, siempre era así, también.
Llevaba una cartera con algunos lápices de madera; los Alpino de colores, la caja pequeña de ceras plastidecor, una libreta y, TODOS los libros, esto también siempre era así (con los años acababas llevando un BIC azul y pedías un folio al que tenías al lado).



Cuando llegamos a la puerta del colegio, todo parecía enorme y había muchos niños y niñas con sus mamás. Muchos estaban jugando, se conocían de hacer fichas y jugar con plastilina en el edificio de al lado. Yo casi no conocía a nadie, Ramón, Ricardo y a mis primos Alberto y Victor...poco más. Mi madre se puso a hablar con otras madres, alguno niños lloraban. Yo no. Yo tenía muchas ganas de empezar y de conocer a más niñas.
Nos pusimos en fila según decían los apellidos y el nombre. A mi me tocó detrás de Ana Isabel del Viso, mi primera amiga de primero. Me había llamado la atención su pelo, tenía unos rizos dorados preciosos y largos hasta casi la cintura. Además era muy dicharachera.Me recordaba a Candy Candy. Sabía que me iba a llevar muy bien con ella, y así fue.


 Recuerdo también que en mi clase estaba Pablo del Viso, una niña que comía tiza (de esas cuadradas que manchaban más que escribían), Ismael mi eterno hermano de apellido, Andrés el heavy casi desde primero, Ángel de Carmiña, Verónica de Ladrido. A estos los habíamos elegido como delegados de clase. Delegado y subdelegado y les llamábamos: Delegado macarrón y subdelegada macarrona. 

Como todos los niños, "culo veo, culo quiero". Ana tenía una caja de ceras de 24 colores, si, 24. La mía solamente tenía 10 y uno era el blanco, así que me las ingeniaba para hacer mezclas y enseñarle el color final.

- Mira, este color no lo tienes, chincha
- A ver... es verdad. Enséñamelo
- uy, no puedo...

En aquellos días, daría algo por una caja de 24 plastidecores.

Y en primero aparecío mi primer pretendiente, casi desde el principio. Pablo. (Otro de mis pablos). A mi me daba mucha verguenza las cosas que me decía, siempre me hacía poner roja. Un día se le cayó la goma Milán blanca debajo de mi pupitre, justo detrás de él y la profesora le preguntó qué hacía levantándose de la silla y el le dijo:
- Levanteime a coller a miña goma que lle foi ver as pernas a Rocío
Qué horror, me puse colorada, casi para explotar... por qué era tan malo ese niño conmigo! Ahora lo recuerdo con cariño! y ya no me pongo colorada...pero desde aquel día nunca quería llevar falda a clase...jajaja

Aprendí desde primero que a veces hay diferencias injustificadas. En clase había dos pizarras, la de los listos y la de los burros. Así nos explicaba la profesora. No entendía por qué aquella diferencia, algunos de mis amigos estaban mirando para el otro encerado. Menos mal que duró solamente uno o dos años esa distinción. Pero seguro que alguno de vosotros lo recordáis?

Tampoco en  mi primer día nadie me dijo que me iban a castigar montones de veces por hablar con Verónica.
 - Rocío, Verónica es la última vez que os aviso nos gritaba la profesora. La próxima os castigo al final de la clase mirando para la pared.


 Nunca hacíamos caso. Nos sentábamos juntas siempre, para hablar. Y cuando nos separaban nos mandábamos notas de papel hasta que nos separaba una puerta marrón oscuro tipo abanico (seguro que si pensáis un segundo en el colegio, sabréis de cuál os estoy hablando, eran aquellas que abrían las clases, el salón de actos, el comedor, todo), o nos ponían en el pasillo una en cada esquina mientras duraba el recreo.



Qué verguenza! Recuerdo que jugábamos a resbalarnos en la pared y cuando sonaba el timbre nos poníamos en pie y nos tapábamos con los abrigos. El mío era azul klein (ese tan de moda ahora) de "borreguito" por dentro. Comprado en Alcampo.

Sin embargo lo que recuerdo de forma más tierna fue el primero de mi hermano. Yo ya estaba en el patio de arriba, ya era mayor. Iba en tercero.
- Vai ver cómo está Jose cando sexa o recreo- me había avisado mi madre y así lo hice.
Lo ví en la columna del medio, una de las que da al patio, estaba apoyado esperándome. En cuanto me vio me abrazó tan fuerte, tan fuerte que todavía lo puedo notar.... me necesitaba, me quería y no me soltaba las piernas que era a donde podía llegar aquel pequeñajo.


Mi primer día de cole no lloré, pero casi lloro con el primero de mi hermano.


Primer Día-Julieta Venegas